¡Hola a todos!
Hoy vengo a contaros una historia que me parece sumamente interesante: la historia del experimento que se realizó para conocer cómo el zorro cambia, tanto a nivel físico como psicológico, tras su domesticación.
¡Vamos a ello!
*2 notas muy importantes antes de empezar con la historia:
1- El zorro es un animal silvestre que no ha de ser sacado de su estado salvaje. Por tanto, aunque te guste mucho y tengas la oportunidad, llevártelo a tu casa está prohibido.
2- Esta historia cuenta cómo cambió tras varias generaciones en cautividad, no con un zorro extraído del campo. Aunque te lo llevaras a casa a ti no se te comportaría con los cambios que voy a narrar a continuación.
Todo empezó en el pasado siglo XX, en los años 50. El genetista ruso Dimitri Beliayev fue contratado para dirigir una granja de zorros con intenciones peleteras. En ellas, se trabajó con zorros plateados, una variante de color del zorro rojo (Vulpes vulpes). Como los zorros llevan en su ADN su espíritu de especie salvaje son animales complicados de manejar. No llevan bien estar encerrados. Estos zorros mordían, se lanzaban contra lo barrotes... y Beliayev, utilizó la excusa de trabajar con los zorros más dóciles cuando realmente lo que estaba haciendo de manera extraoficial era estudiar qué cambios fisiológicos y morfológicos se veían afectados en el proceso de domesticación. Más tarde, Beliayev fue despedido tiempo después en un grave conflicto de intereses con la empresa y con la política rusa (consideraban la genética una pseudociencia vinculada al nazismo por su idea de la mejora de rasgos heredados mediante métodos selectivos en una historia que merecería entrada a parte).
En su estudio Beliayev seleccionó a los ejemplares más dóciles seleccionándolos ya desde cachorros. Sin embargo, en contra de lo que pudiera resultar lo más lógico, no lo hizo seleccionando a los más cariñosos o afables a los humanos si no que lo hizo bajo el medida de "distancia de huida" ya que pensó que fue este rasgo la clave que hizo que el lobo se acercara a los humanos hasta que estos lo domesticaron y lo convirtieron en el perro.
Para ello hizo que un investigador ofreciera comida en la mano a los cachorros y, cuando estos se acercaban a él, éste intentara acariciarlos y cogerlos. Posteriormente, clasificó a los cachorros en función a 3 grupos de reacciones diferentes en 3 grupos diferentes.
Grupo 3: cachorros que huían o intentaban morder al investigador.
Grupo 2: cachorros que se dejaban tocar pero no expresaban una reacción realmente positiva ante el investigador.
Grupo 3: cachorros muy dóciles que se acercaban al investigador gimoteando y moviendo la cola.
Finalmente, separó a este último grupo de cachorros hasta que fueran maduros sexualmente y los apareó entre ellos. Tras sólo 6 generaciones (algo extremadamente rápido en evolución) se notaron los primeros resultados: varios de los nuevos cachorros de esta 6ª generación tenía comportamientos similares a los de un perro y fueron categorizados por los investigadores en una nueva categoría denominada "élite domesticada". Describen que estos individuos eran ejemplares con un comportamiento "ávido de establecer contacto con los humanos, lloriqueando para atraer la atención y olisqueando y lamiendo como perros a sus cuidadores". Pero esto no acabó aquí: estos individuos de la "élite domesticada" también los fueron apareando entre ellos y, después de 10 generaciones, el 18% de los nuevos cachorros pertenecían a la "élite". Tras 20 generaciones, el porcentaje subía al 35% y tras 30-35 generaciones, entre el 70 y el 80%.
Sin embargo, lo más sorprende vino después: estas nuevas generaciones tenían ciertos cambios morfológicos que los alejaban de un zorro típico. Cambios como:
- Dejaron de tener un pelaje típico de zorro y adquirieron un pelaje moteado blanco y negro (similar al de los Border Collie).
- Sus orejas dejaron de ser tiesas para pasar a ser una orejas caídas tipo perro.
- Su cola dejo de ser recta para pasar a ser curvada hacia arriba, como la de muchos perros.
- Las hembras pasaban a tener el celo cada 6 meses (como las perras), en vez de una vez al año como las zorras salvajes.
- Emitían sonidos similares a los de un perro.
- Se les acortó el hocico y ensanchó el cráneo.
- Su sistema hormonal cambió dando paso a zorros con menos adrenalina.
Y finalizo la entrada de hoy con otra frase del mismo autor y del mismo libro que creo que define muy bien lo que hoy os he contado:
"El experimento demostró que la domesticación no es un proceso lineal, ni puramente conductual. Es una revolución entera del cuerpo, del alma, del instinto".
Hasta aquí la entrada de hoy. Espero que os haya gustado y hayáis aprendido algo nuevo con ella, y si queréis estar al tanto de nuevas entradas os recuerdo que podéis seguir al blog en:
TELEGRAM: En este enlace
TWITTER: con la cuenta @pinosysembrados.
YOUTUBE: con la cuenta "Entre pinos y sembrados".
FACEBOOK: a través del grupo "Entre pinos y sembrados".
INSTAGRAM: con la cuenta @pinosysembrados.


Comentarios
Publicar un comentario