EL SONIDO DE LAS RAMAS MECIDO POR EL VIENTO


Cuando, en el monte, oímos el sonido de las ramas de los árboles mecidas por el viento, realmente lo que hacen es susurrarnos esto:

"Viajero, escucha:

Yo soy la tabla de tu cuna,
la madera de tu barca,
la superficie de tu mesa,
la puerta de tu casa.

Yo soy el mango de tu herramienta,
el bastón de tu vejez.

Yo soy el fruto que te regala y te nutre,
la sombra bienhechora que te cobija
contra los ardores del estío,
el refugio amable de los pájaros
que alegraron con sus cantos tus horas
y limpian de insectos tus campos. 

Yo soy la hermosura del paisaje,
el encanto de la huerta,
la señal de la montaña,
el lindero del camino.

Yo soy la leña que te calienta
en los días de invierno,
el perfume que te regala
y embalsama el aire a todas horas,
la salud de tu cuerpo
y la alegría de tu alma.

Por todo esto, viajero que me contemplas,
tú que me plantaste con tu mano
y puedes llamarme hijo,
o que me has contemplado tantas veces,
mírame bien, pero...
No me hagas daño."
(Autor: Rabindranath Tagore)

No lo olvidéis.

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