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domingo, 4 de febrero de 2018

CARACOLES.

¡Muy buenas!
Hoy estuvo lloviendo. Parece que durante la lluvia la naturaleza se paraliza un rato, lo que me hizo pensar en una cadena de ideas hasta que llegué a los caracoles. Lo cierto es que parecen unos animales simplones, pero que no dejan de tener sus curiosidades y sus relaciones ecológicas. Y de eso va la entrada de hoy:


Es conocido que los caracoles son especies hermafroditas (excepto el caracol manzana, "Pomacea canaciculata", que tiene los dos sexos separados), pero ¿de qué depende que utilicen un sexo o el otro? Se ha demostrado que los caracoles cuando viven en zonas con pocas parejas potenciales expresan tanto su lado masculino como el femenino. Sin embargo, cuando lo hacen en una situación con mayor densidad de población, se les atenúa la feminidad y actúan más bien como machos regalando su esperma por doquier pero reservando los óvulos para las mejores parejas.

Por otra parte tenemos su característica concha. Ésta está formada por una espiral que crece bajo la secuencia Fibonacci, un algoritmo matemático que consiste en una sucesión infinita de números naturales que comienza con los números 1 y 1, y a partir de ellos, cada término se obtiene sumando los dos anteriores: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233. Esta secuencia es un criterio mucho más habitual en la naturaleza de lo que pueda parecer: las espirales de las pipas en los girasoles, las hojas de las alcachofas, la reproducción de los conejos (sí, en serio), las ramas que crecen en los árboles se rigen por la secuencia Fibonacci. Pero volvamos a los caracoles e ilustremos con una imagen como la concha de nuestros protagonistas está formada por este algoritmo.



Esta concha (la de los caracoles) está formada por carbonato cálcico. Por eso muchas aves se alimentan de las conchas: para aprovechar el calcio que necesitarán para crear los huevos (la cáscara de los huevos está compuesta en parte por calcio), que a su vez proporcionará al embrión el calcio necesario para el desarrollo del polluelo de su interior.

Por cierto, si en alguna ocasión encontráis varias cáscaras de caracol rotas alrededor de una piedra en concreto, seguramente sea el "taller" de un zorzal: los zorzales golpean contra una piedra que eligen (y a la que se le denomina "yunque") los caracoles para partirles la concha y acceder a su interior para alimentarse de ellos. Al final, y como siempre lo hacen en la misma piedra, encuentras varios caracoles rotos pudiendo identificar tanto el rastro como la especie autora. Vídeo:


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¡Gracias por leerme, un saludo y hasta la próxima!

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