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lunes, 18 de junio de 2018

RASTREO: INTERPRETANDO LO QUE HA PASADO A TRAVÉS DE UNAS HUELLAS

¡Muy buenas!
Aunque lo más conocido del rastreo es la identificación de las huellas/excrementos/madrigueras que vemos en el campo, en sí es un arte que conlleva mucho más. Entre otras cosas la interpretación y/o contextualización de lo que ha hecho el animal allí a través de los rastros que nos encontramos.

Os pongo en situación:
Octubre, Sierra de Albarracín. (Teruel). Bosque mixto de pino silvestre (Pinus sylvestris) y roble melojo (Quercus pyrenaica). Me acerco a una pequeño claro en el bosque: La hierba es escasa y el sustrato está algo embarrado debido a las lluvias de los últimos días. Observo y veo unas huellas de ciervo (si quieres aprender a identificarlas y diferenciarlas del resto de huellas de ungulados puedes aprender sus claves en esta entrada), con los bordes perfectamente delimitados lo que indica que la huella es relativamente fresca puesto que apenas se ha deteriorado por la erosión. Las huellas están dispuestas en lo que se llama "registro directo", es decir: la extremidad posterior (el pie) a pisado en el mismo punto donde el animal había apoyado la anterior (la mano), típico de esta especie cuando camina "al paso". Podéis fijaros en esto que os digo cuando veáis a un caballo caminar. Así pues este animal iba a su ritmo normal, no al trote ni al galope ni similares.
Me dispongo a seguirlas. Las medidas son 7 centímetros, con esas dimensiones no tengo claro de si es un macho o una hembra. Levanto la cabeza, hago un barrido e intento obtener más información. Veo que las huellas llegan hasta un pino silvestre no excesivamente alto con el tronco con las ramas partidas y el tronco pelado.

Entre mediados de Septiembre y mediados de Octubre los ciervos se encuentran en época de celo, lo que se conoce como "la berrea", conocida sobre todo por las espectaculares peleas que los machos tienen entre ellos en las que se golpean cornamenta contra cornamenta en una muestra física de poder. Estas peleas físicas son típicas del cortejo de las especies con pocos coloridos donde, ya que no pueden seducir con colores vistosos (como es el caso de muchas aves, donde la exposición de colores vivos son importantes para cortejar a la hembra) pues lo hacen demostrando su poderío físico. Es decir, las especies que no pueden llamar la atención de las hembras por ser los más guapos, intentas que ellas se fijen en ellos por ser los más fuertes.

Aquí un ejemplo de estas peleas (Vídeo de youtube, no es mío)



Durante la época de la berrea los ciervos braman llamando a las hembras e intentando alejar al resto de machos. Pero también realizan marcajes territoriales. ¿Cómo? Golpeando violentamente la cornamenta contra las ramas de los árboles, que es el caso que he encontrado en el claro. 
A menudo me preguntan si se puede saber a través de unas huellas si son de un macho o de una hembra. Es prácticamente imposible. A veces los machos son más grandes que las hembras y por tanto algunas medidas son tan grandes que sabes que las hembras no las alcanzan, pero en otras ocasiones no hay esa diferencia de tamaño. Y en el ejemplo que digo es en el supuesto de que encuentres un individuo grande, pero muchas veces pueden ser machos jóvenes cuyas medidas de las huellas se solapen con las de una hembra. No, las cosas como son, es prácticamente imposible identificar por unas huellas el sexo del individuo en cuestión aunque sí es posible saberlo por otro tipo de rastros como es el de los árboles marcados territorialmente por los ciervos, pues las hembras al no tener cornamenta no los realizan. En este caso hemos podido identificar el sexo del individuo de las huellas no a través de ellas, si no de otro rastro diferente.

El pino estaba marcado así:



Hay que aclarar que los corzos también hacen este tipo de marcaje. ¿Se podría confundir uno y otro? No, se pueden diferenciar bien porque 
1º- El corzo los hace en otro época del año.
2º- Al tener una cornamenta más pequeña elige un tipo de árbol más pequeño, incluso arbustos. Pensad que un ciervo macho tiene un tamaño considerable y por tanto mucha fuerza/potencia, así que elige árboles consistentes, ya que si fueran pequeños y débiles en un par de sacudidas se quedaba sin árbol donde marcar. 
3º- El corzo es un animal mucho más pequeño que el ciervo, por tanto sus marcas están a menor altura que en el caso de los ciervos.

Seguí las huellas. Se alejaban del pino en dirección a un pequeño torrente que bordeaba el claro. Me acerqué y vi que primero se aproximó a un roble. De repente las huellas de las extremidades anteriores se juntaban unas con otras. (Se pueden diferenciar las huellas de las extremidades anteriores y posteriores porque las primeras son más grandes y redondeadas ya que son las que amortiguan el golpe cuando el animal salta o galopa). Miré arriba y vi que empezaban a haber bellotas. Seguramente el animal juntó sus extremidades anteriores para poder estirar mejor la cabeza hacia arriba para comer las bellotas, de la misma manera que nosotros los humanos cuando queremos llegar a un sitio alto nos ponemos de puntillas con los pies juntos y no separados. Entiendo que la postura del animal fue la siguiente (foto de internet. OJO QUE EL DE LA FOTO ES UN GAMO Y NO UN CIERVO, es solo para ilustrar lo que quiero representar).


Cuando el ciervo acabó con las bellotas continuó hasta el torrente. Y ahí otro detalle de rastreo interesante: en este caso las extremidades anteriores estaban más separadas de lo normal. ¿Por qué? ¿Qué había hecho el animal? Fácil: beber agua. El ciervo había separado sus patas anteriores para poder acercarse mejor al agua. Para llegar a algo alto juntamos los pies (como el bicho para comer las bellotas que estaban altas) y para coger algo los separamos para llegar mejor al suelo (como el bicho para beber agua). Tal y como esta foto (también de internet, de este blog)


Después el ciervo cruzó el río y le perdí el rastro.

Fijaos cómo a través del rastreo:
- Hemos identificado la especie.
- Hemos datado la huella.
- Hemos identificado el patrón de movimiento que llevaba el individuo.
- Hemos identificado el sexo del animal a través de uno de sus rastros.
- Identificando cuáles son las extremidades anteriores y posteriores hemos podido reproducir la postura del animal y con ello deducir qué ha hecho.
- Hemos podido averiguar la dieta del animal, así como también que tenía sed.

Es decir, que sin haber visto al animal podemos extraer gracias al rastreo que: un ciervo macho ha pasado caminando a su ritmo natural hace relativamente poco por aquí, ha marcado territorio pues está en época de celo, ha comido bellotas de un árbol y después ha bebido agua. Como veis una reproducción de los hechos a través de los rastros que ha dejado el animal. 

¿Es posible siempre algo así? No, para nada: esto ha sido fácil puesto que teníamos un rastro largo y bien definido. Normalmente en el campo no encuentras rastros tan largos y de los cuales puedas sacar tanta información. Es más, normalmente no encuentras más que unas pocas huellas aisladas. No obstante, a veces, sí encuentras algo suficientemente largo y bueno como para poder hacer este tipo de interpretaciones.

Os animo a que vengáis a un curso de rastreo. Aprenderemos sobretodo a identificar las huellas, excrementos y madrigueras de los animales, y si los rastros nos lo permiten, también interpretaremos la conducta del animal. El próximo curso que daré será en Septiembre en la misma sierra de esta entrada (Tenéis más información aquí: http://entrepinosysembrados.blogspot.com/2018/05/curso-teorico-practico-de-rastreo-de.html)

No quería acabar la entrada sin otro ejemplo de interpretación a través del rastreo, una contextualización que leí en uno de mis blogs favoritos y que os recomiendo encarecidamente: http://www.educacionyentorno.es/ . En él leí este texto que copio a continuación y en el que Aldo Leopold, padre de la Ecología, es capaz de interpretar y contextualizar una situación a través de los rastros de los animales:

“Hay mucha charla y cotilleo vecinal entre los pinos. Prestando atención a esa charla, me entero de lo que ha pasado durante la semana, cuando estoy en la ciudad. Así, en marzo, cuando los ciervos suelen pacer entre los pinos blancos, la altura del ramoneo me dice lo hambrientos que estaban. A un ciervo repleto de maíz le da demasiada pereza probar ramas que estén a más de cuatro pies sobre el suelo; uno con hambre de verdad se alza sobre las patas traseras y come hasta una altura de ocho pies. Así conozco el estatus gastronómico de los ciervos, sin verlos, y me entero, sin ir a su campo, si mi vecino ha acarreado sus tresnales.”

Como veis, interpretando una situación a través del rastreo... y sin una huella de por medio.

Una entrada larga, la de hoy. Espero que os haya gustado y que haya quedado claro que, aunque lo más conocido del rastreo es la identificación de huellas, es algo mucho más complejo que da mucho, mucho juego pues en ocasiones, si el rastro es suficientemente largo y bueno, permite interpretar "quién, cuando, por qué y cómo ha hecho lo que ha hecho". 

Recordad que podéis seguir el blog en el grupo de Facebook "entre pinos y sembrados", en Twitter a través de la cuenta @pinosysembrados o en el canal de Youtube "entre pinos y sembrados".
¡Hasta la próxima!







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