¡Hola a todos!
El estiércol no es simplemente un montón de materia orgánica acumulada. Bajo su apariencia aparentemente inerte se desarrolla un proceso complejo en el que microorganismos, temperatura, humedad y tiempo van transformando poco a poco los restos vegetales y animales.
Hace tiempo mi amigo David Torralba hizo un gran texto explicando ese proceso desde el principio: cómo se prepara el estiércol, qué ocurre durante su fermentación y cuáles son las distintas fases por las que pasa hasta convertirse en un abono maduro y aprovechable para la tierra. Como me pareció un texto impecable, he querido compartirlo con vosotros. Allá va:
"Mi hijo me pide que escriba cosas sobre lo aprendido en nuestra aventura familiar rural... y creo que el mayor aprendizaje de todos durante esa época, fue aprender a hacer estiércol.
Al principio pensé que sería fácil recabar conocimientos de los agricultores más “antiguos” de mi pueblo para tal tarea... pero pronto me di cuenta de que era un “saber perdido” o casi. Tirando de literatura... tampoco estaba la cosa fácil: se han impuesto formas “nuevas” de generar “abonos naturales” que poco o nada tienen que ver con el proceso de estercolado. Finalmente, tuve que recurrir a investigar en bibliotecas y archivos para recabar información fiable... y esto sí que resultó ser de gran utilidad: hay textos de origen medieval que se han ido copiando y conservando en diversos archivos históricos públicos (como el de Salamanca). En su mayoría, son textos escritos por monjes que copian “recetas” de órdenes tan conocidas y míticas como la Orden del Temple (o “templarios”).
Tras aprovisionarme de conocimientos teóricos... llegó la hora de experimentar y aprender de verdad, con la práctica, como convertir excrementos animales, desechos vegetales, etc. en eso que los antiguos llamaban “estiércol”. Y digo los antiguos... porque desde finales del s. XIX y principios del s. XX, se impone una acepción de estiércol que en realidad es una sinécdoque: igual que muchos hablan de “tierras de pan” a los trigales... se empezó a llamar “estiércol” a la materia prima con la que se fabricaba: los excrementos de las caballerías “urbanas” que eran recogidas por gentes para sus estercoleras.
1- La “materia prima”.
En general, cualquier materia orgánica es susceptible de ser convertida en estiércol... Incluso los cadáveres de animales. Sin embargo, los procesos son tan largos que no cuadran demasiado bien con el calendario agrícola. Por eso, la fabricación de estiércoles fue especializándose en usar las materias primas que permitían un tiempo de procesado acorde con las necesidades de cultivo. La diversidad de materias primas usadas desde el medievo y casi hasta la llegada de los fertilizantes sintéticos, obligaba a tener que hablar de “estiércoles”, en plural, y a que apareciese un formidable elenco de definiciones para cada tipo de estiércol según la materia prima empleada. Unas definiciones que, lamentablemente, considero que se han perdido en su inmensa mayoría... Pero nos quedan algunas, como por ejemplo, “gallinaza”, “codornaza”, “palomina” (o también “palomaza”), etc., que indican cual era el excremento base utilizado para hacer ese determinado tipo de estiércol. Uno no puede atender a todo lo que el mundo del estiércol ofrece... pero hago un reclamo a lingüistas, etnólogos/as, etc., para que intenten rescatar todo ese vocabulario.
Aparte de esto... la materia prima por excelencia para la fabricación de estiércoles ha sido la de excrementos de herbívoros, bien sean rumiantes o monogástricos. Pues en sus heces incorporan un montón de microorganismos especialistas en degradar celulosa, lignina y otros compuestos orgánicos. Además, muchas plantas han co-evolucionado con estos microorganismos y los incorporan en sus raíces como simbiontes. No hay que olvidar que el estiércol, a diferencia de los fertilizantes sintéticos, es algo vivo: su valor depende de la carga mibrobiana y fúngica que tenga y de que sea la adecuada para poder después interactuar con los vegetales que vamos a cultivar o que ya tenemos en cultivo.
De entre estos excrementos, los producidos por equinos (y de camellos, etc., en otros lugares), por un lado, y por pequeños rumiantes (cabras y ovejas), son los más interesantes por su contenido de humedad y tamaño de partículas. Los excrementos de casi cualquier animal son estercolables (incluídos animales omnívoros e incluso carnívoros estrictos como los felinos), pero como ya he comentado, requieren mucho más tiempo de procesado (dos años o más). El excremento de las vacas también lo es, pero requiere un procesado previo de “secado” que retarda el proceso.
Y aunque desde tiempo inmemorial se han recogido solo los excrementos (especialmente de equinos), la verdadera revolución en el proceso de estercolado llega con la estabulación: las camas de paja de muchos establos absorben también las orinas de los animales, aportando urea que, procesada por bacterias específicas, se convertirá rápidamente en nitratos. En un corral doméstico tradicional... equinos (normalmente, burros) y pequeños rumiantes ocupaban un mismo espacio, que incluso era compartido también con algunas gallinas. La mezcla de excrementos, más la paja empapada en orinas (que aparece en algunos textos como “lechos”) era la verdadera materia prima para la fabricación del estiércol más común. Hoy en día, muchas veces la normativa obliga a que estos animales estén separados, por lo que a la hora de montar la estercolera, hay que hacer previamente una mezcla adecuada de los distintos “lechos”. O bien, disponerlos en capas (de esta práctica, deriva el término centroeuropeo que hemos adoptado como “compost”).
Pero no solo de excrementos se puede hacer estiércol... Hay estiércoles especiales fabricados a partir de agujas de pino, de restos vegetales variados, de restos vegetales de una especie o grupo de especies concretas (como los que se hacen con consuelda o con algas), etc. Que pueden elaborarse “solos” (sin mezclar con excrementos) o añadirse como otro ingrediente más de la estercolera, según el uso que se piense dar al estiércol.
2- Montando la estercolera.
Aunque la normativa generalmente impide el reposo de las materias primas directamente sobre el suelo y obliga a estercolar sobre hormigón... realmente, lo suyo es que, de alguna manera, la materia prima a estercolar entre en contacto con los microorganismos del suelo, que, en su mayoría son simbiontes con las plantas y, en definitiva, son lo que queremos “criar”. Repito que el interés del uso del estiércol no está en añadir nitratos, fosfatos, potasio o cualquier otro elemento inerte a nuestros cultivos... sino en enriquecer nuestros suelos de cultivo con microorganismos simbiontes con nuestras plantas.
Pero dado que durante la primera fase de estercolado pueden alcanzarse temperaturas tan altas que acaben matando a estos microorganismos, el “montado” de la estercolera sigue unas pautas concretas para que los microorganismos que nos interesan puedan llegar en el “momento justo”, después de que se alcancen esas temperaturas elevadas que, a su vez, convienen para eliminar semillas no deseadas y microorganismos no útiles o perjudiciales.
Así que el primer paso para montar la estercolera, es establecer la “cama” con vegetales ya secos como la paja (a ser posible en contacto con el suelo, o si no es posible, añadiendo tierra de nuestro huerto y mezclándola con esa paja). Las medidas de una estercolera... dependen de cuántas personas van a poder trabajarla. Porque hacer estiércol... conlleva una inversión en energía muscular y en dedicación. Si la va a trabajar una persona sola... lo suyo es hacer una cama de 1,20-1,50 metros de ancho por, como mucho, 6 metros de largo. Y de unos 15-20 cms. de espesor.
En la bibliografía dedicada a la fabricación de “compost” se recogen muchas técnicas útiles que derivan de la fabricación de estiércoles, así que no me detendré demasiado en estos detalles, porque son fácilmente accesibles. Solo comentar que si nuestra estercolera es larga (por ejemplo, de 6 metros) habrá que prever instalar aireadores (tradicionalmente se hacían con haces de ramas ni muy gruesas ni muy finas, aunque ahora pueden hacerse con cilindros de malla metálica, etc.). Si no es tan larga (por ejemplo, si tiene 3 metros), con una buena horca bastará para airearla cuando haga falta... si es que hace falta.
Tras disponer la “cama” de paja... se empiezan a disponer los distintos “lechos” (si están previamente mezclados, no hace falta). La “receta general” aconseja no añadir más de un 15% de excrementos de origen aviar, y mantener, en el resto, una “mitad y mitad” de lechos de pequeños rumiantes y equinos. En cada capa que añadamos, de unos 10-12 cms. de grosor, hay que ir reduciendo la anchura, a fin de que nuestra estercolera tenga una sección triangular. Lo más importante de todo es mojar convenientemente cada capa de “lecho” que se añada (excepto la “cama” que debe permanecer seca... y a la que ya le irá llegando la humedad progresivamente). Dicho de otro modo: se añade la primera capa de lecho sobre la cama, y se “riega”. Lo suficiente para que quede homogéneamente húmeda... pero no empapada (porque nos daría problemas de falta de oxígeno después, llevando a pudriciones y no a fermentaciones, que es lo que buscamos). Y así sucesivamente hasta coronar, recordando disminuir el ancho de los lechos progresivamente, con una altura equivalente a la anchura de la cama. Una vez “coronada” la estercolera, se cubre generosamente con paja... y se vuelve a regar.
3- La primera fase de estercolado: las fermentaciones.
En nuestra estercolera se van a producir, sucesivamente, tres tipos distintos de fermentaciones... Para no complicar demasiado el asunto, no voy a nombrar los tipos de microorganismos que intervienen en cada una de ellas, porque, en la práctica, basta saber que va a haber una “sustitución progresiva” de distintos tipos de levaduras.
La primera fermentación es la más llamativa y la que exige más atención por parte de la persona que estercola. Es la fermentación “cálida”, en la que pueden alcanzarse temperaturas muy altas. Incluso... demasiado altas. La atención, pues, estará centrada en que no se superen ciertas temperaturas, aireando y refrescando la estercolera según convenga. Lo ideal es que no se superen los 70º C en ningún momento y que las temperaturas medias oscilen entre los 55 y 65 ºC.
En materias primas “especiales” (como hierba verde recién cortada, algas, etc. o incluso en estiércoles puros de excrementos de aves) es especialmente importante estar pendiente de estas temperaturas, porque pueden subir demasiado... o no subir lo necesario (si no hemos desalado convenientemente las algas regándolas abundantemente con agua dulce, el exceso de sal frenará considerablemente la proliferación de levaduras).
La fermentación “cálida” puede iniciarse bastante rápidamente (en una semana o menos) y lo suyo es intentar mantenerla como mínimo dos semanas, aunque si las condiciones climáticas ayudan, puede prolongarse otras dos semanas más... hasta que la temperatura empieza a descender irremediablemente.
Se inicia, tras este descenso de temperaturas, una segunda fermentación (en algunos sitios llamada “templada”, “tibia”, o incluso “amable”). Se caracteriza por oscilar entre los 18-26º C, aunque lo ideal es mantenerla entre 22-24 ºC. Cosa que, desde ya advierto, no es fácil: esta segunda fermentación también exige bastante observación y dedicación. Para que la estercolera mantenga esas temperaturas, podemos, o bien refrescarla si supera los 26º C, o “arroparla” (tradicionalmente con paja, pero también podemos usar plástico agrícola, lonas, etc.). Es importante que el grado de humedad sea el justo: si metemos la mano, debe salir “sudada” pero no “mojada”. Si se aprecia exceso de humedad... hay que airear con la horca.
Tras aproximadamente tres-cuatro semanas (siempre dependiendo de las condiciones climáticas externas), la temperatura decae por debajo de los 14-15ºC. Se inicia la fermentación “fría”... que debemos mantener al menos durante un mes más procurando que la temperatura no baje de 12ºC y cuidando de que el grado de humedad y oxigenación de nuestra estercolera sea el correcto.
La fase de las fermentaciones es la más crítica de todo el proceso y la que más atención requiere pues es frecuente que aparezcan “problemas”. Una forma fácil de evaluar si la cosa va bien o va menos bien... es el olor. Progresivamente nuestra estercolera debe dejar de oler a “mierda” y empezar a oler a “fermentado”: como huele, por ejemplo, en los alrededores de una fábrica de cerveza o en una panadería... Es un olor fuerte, pero no desagradable. Otra cosa es... si el olor, aunque no sea fuerte, no es “agradable”. Si huele por ejemplo, como el cieno negruzco de una charca. En ese caso, tenemos procesos de pudriciones (con ausencia de oxígeno) y no fermentaciones. Hay que airear la estercolera a la mayor brevedad posible para corregirlo. También puede pasar que... las fermentaciones tarden en arrancar. Sobre todo la “cálida”. Normalmente es un problema de falta de humedad... aunque también puede ser por haber utilizado los excrementos de nuestros animales después de algún tratamiento con antibióticos (estos excrementos no deben utilizarse para hacer estiércol). Así que cuidado con recoger alegremente excrementos de cuadras donde sea usual el uso de antibióticos y otros medicamentos...
Pero, lo más usual, a chispa de cuidados que prestemos a nuestra estercolera, es que todo vaya más o menos bien... y se inicie la segunda fase. El “estiércol” (aún no lo es) tras el final de esta fase se suele denominar “cocido” o “curado”, aunque cada zona tiene su nomenclatura propia.
4- La segunda fase del estercolado: la colonización fúngica.
Tras la fermentación “fría”... la estercolera va a tender a tener una temperatura unos 6-10º C menor que la temperatura ambiental... Y esto tiene sus problemas porque conviene que no baje de 6-8º C para que los hongos del suelo, que ya han colonizado la cama de nuestra estercolera con incipientes micelios, puedan crecer en la mayor parte del volumen de la estercolera.
Normalmente, en una estercolera montada en cama sobre tierra, hay esporas suficientes de hongos especializados en excrementos (como los Coprinus) para colonizarla entera. Si hemos montado la estercolera aislada del suelo (sobre hormigón) puede que sea necesario “sembrar” micelios de hongos apropiados. Un hongo que además de apropiado es comestible... es el champiñón (me refiero a las especies comerciales comestibles). Incluso si hemos montado la estercolera sobre tierra... puede ser buena idea añadir micelio de champiñón (por ejemplo, el “bisporus”) y obtener una cosecha que siempre es de agradecer en la cocina...
En esta fase, no conviene remover ni airear (salvo razón de causa mayor) nuestra estercolera para no romper los frágiles micelios. Lo único que hay que hacer es hacer pequeñas “catas” para ir comprobando que los micelios se extienden por la mayor parte del volumen de nuestra estercolera, que, en esta fase, ya habrá disminuido mucho su tamaño inicial y será más o menos, la “mitad de lo que era”.
Lo suyo, si el clima lo permite (y si no, pues habrá que intentar mantener las condiciones adecuadas con el auxilio de sombreadores, plásticos o lo que convenga), es que esta fase se prolongue como mínimo dos meses, y como deseable, tres... El olor de nuestra compostera habrá cambiado sustancialmente y se harán notables los aromas típicos fúngicos, que según los hongos que hayan crecido naturalmente o hayan sido promovidos (cultivados) oscilará entre un olor a “cuarto cerrado con humedad” a olores “anisados”.
Al final de esta fase, el estiércol en proceso se denomina “estiércol fresco”, aunque aún no debe usarse para abonar hortalizas o frutales pues aún contiene materia orgánica poco degradada que nos puede dar problemas serios después . No obstante, sí que puede hacerse un fertilizante líquido añadiendo a un cubo con agua una parte de este estiércol y dejándolo reposar una semana. Tras decantarlo, puede usarse como riego para algunos vegetales poco exigentes con la degradación de la materia orgánica como calabacines, calabazas, melones, sandías, etc. Pero siempre sin mojar la planta.
5- La tercera fase del estercolado: la invasión de los insectos coprófagos.
El olor que genera nuestra estercolera convenientemente invadida por hongos... va a atraer a numerosas especies de insectos especializadas en el consumo de materia orgánica poco degradada. Especialmente a escarabajos y moscas coprófagas. Durante la segunda fase, con los aromas de la micelización inundando el aire, habrán ido llegando escarabajos peloteros, escarabajos rinoceronte, moscas soldado, etc., que habrán depositado sus huevos en nuestra estercolera.
Y que, cuando eclosionen, llenarán nuestro proyecto de estiércol de diversos tipos de larvas. Las más conocidas, por lo grandes que son y lo llamativas, son las larvas de los escarabajos: las que usualmente se conocen en el lenguaje rural como “gallinitas ciegas”. Estas larvas devorarán cualquier resto que pueda quedar de excrementos animales o de restos vegetales sin degradar y homogeneizarán y airearán con sus túneles nuestra estercolera. A su vez, la llenaran de sus propios excrementos que tienen su importancia en la última fase de estercolado.
Ni que decir tiene que hay que dejar que estas larvas hagan su trabajo... porque nos conviene. Un buen número de ellas indican que estamos haciendo las cosas bien... y lograran disminuir, en un proceso que puede durar otros dos o tres meses, el volumen inicial de nuestra estercolera, que ya estará muy “menguada”. El trabajo en esta fase consiste básicamente en controlar el número de larvas que hay, para poder apreciar cuando empiezan a escasear.
Una vez que empiecen a salir las larvas para completar su proceso vital... el estiércol ya puede recibir ese nombre con casi todas las letras. Es el estiércol “joven” (como un “vino del año”) y puede emplearse en el huerto... aunque no tanto en frutales. Si tenemos prisa por estercolar... ya está listo. Pero si hemos calculado bien nuestro calendario de cultivos y lo hemos acompasado con el estercolado... conviene dejar que el “estiércol joven” se convierta en “estiércol maduro”. Sería la cuarta fase.
6- La cuarta fase del estercolado: la invasión de las lombrices.
Los excrementos de las larvas de insectos, aunque no generen un olor apreciable por nuestras narices, sí que se van a convertir en un importante atractivo para otras especies animales especializadas en el consumo de materia orgánica: las lombrices. Usualmente, serán las típicas y comunes lombrices de tierra las que colonizarán el corazón de nuestra estercolera, pero si tenemos cerca lombrices rojas... ellas también usarán el recurso alimenticio que representa nuestra estercolera, aunque preferirán quedarse entre la cubierta de paja y la superficie del estiércol joven.
El trabajo de las lombrices en nuestro estiércol joven es muy interesante porque las secreciones de estos animales van a hacer proliferar a una serie de microorganismos, que estaban aguardando su oportunidad en la cama de nuestra estercolera o en los túneles hechos por los insectos coprófagos. El diámetro variable de las lombrices les permite explorar toda la estercolera a fondo (tanto las de tierra en el núcleo, como las rojas en la superficie) y expandir esos microorganismos tan beneficiosos para nuestros cultivos que es lo que en realidad buscamos.
Lo suyo es dejarlas trabajar por lo menos dos meses más. Para las personas menos conocedoras de las lombrices, es el momento para aprender a distinguir sus excrementos (el “humus de lombriz”, “vermicompost” u otras denominaciones similares). Cuando en un puñado de nuestro estiércol podamos a ojo considerar que entre un 15 y un 20% son excrementos de lombriz... ya podremos llamar a nuestro estiércol “maduro”.
La labor de las lombrices conseguirá afinar el trabajo previo de los insectos y la textura de nuestro estiércol será muy similar a la del humus de un bosque natural. Con un olor a tierra de bosque característico... muy agradable. Es el momento mejor para llevarlo al huerto.
7- Y después del estiércol maduro... ¿qué?
El uso básico de nuestro estiércol maduro va a ser el de fertilizante, no tanto por su contenido en compuestos beneficiosos para nuestras plantas, sino por contener también una carga de microorganismos simbiontes que van a facilitar la incorporación de esos nutrientes inertes a nuestros cultivos. Es conveniente siempre añadirlo como cobertura y, en todo caso, mezclarlo muy superficialmente con la primera capa de suelo (no más de cinco centímetros de profundidad). El estiércol maduro sigue estando vivo y su principal virtud va a ser la de enriquecer la vida del suelo de nuestro huerto... como alimento de toda esa vida (incluídas nuestras plantas). Así que lo mejor... es dejar que la acción combinada de toda esa vida vaya movilizando nuestro estiércol por todo el suelo.
Sin embargo... un estiércol maduro con un 15-20% de humus de lombriz sigue siendo ideal... para las hortalizas. Si lo que se pretende es abonar frutales... lo suyo es dejar que las lombrices sigan haciendo su trabajo. Básicamente, porque disminuyen mucho el volumen del estiércol... pero concentran sus propiedades. Y no es lo mismo tener que abonar un frutal con 20 litros de estiércol... a hacerlo con 10, 5 o solo 2 litros (nuestras espaldas lo agradecerán muchísimo).
A partir de aquí... ya llamaremos a nuestro estiércol, “humus de lombriz” (o “vermicompost” para los amantes de las palabras nuevas) y tendremos en cuenta el porcentaje de excrementos de lombriz que incorpora. Un humus de lombriz a partir de estiércol que se precie... tiene al menos un 50-60% de excrementos de lombriz (en el mercado podemos encontrar porcentajes superiores, fabricados a partir de restos vegetales y lombrices rojas). Pero ya nos permite usar un tercio de volumen en el abonado de frutales que usando estiércol maduro con un 15-20% de excrementos de lombrices.
No acaba con las lombrices la historia de nuestro estiércol maduro... Si llega el invierno y no lo usamos todo... el resto que nos quede empezará un proceso químico oxidativo que irá eliminando progresivamente muchos nutrientes al convertirse en gases. Si pasan entre 8 y 12 meses (según climas) sin usar ese estiércol maduro... el estiércol perderá su nombre y empezaremos a llamarle “mantillo”.
El mantillo, aunque no es un abono propiamente dicho y ya ha perdido tanto nutrientes como vida microorgánica... sigue teniendo una utilidad en nuestro huerto. Mezclado con estiércol maduro y arena, puede servir como sustrato para nuestros planteles. O bien, se puede usar como cobertura (o “acolchado”, como es usual decir ahora) del suelo de nuestro huerto y nuestro vergel de futales. Aunque no tenga vida... protege de la irradiación ultravioleta al estiércol maduro que dispongamos debajo de él... y es un buen captador de agua, manteniendo una humedad idónea en nuestros cultivos.
Y hasta aquí... el estercolado y su proceso básico. Quedaría por tratar el siguiente gran capítulo de la fertilización y abonado de cultivos tradicional: las “enmiendas”. Pero eso será motivo para otra historia..."
Como bien dice David, hasta aquí la entrada. Agradecerle una vez más que me haya permitido compartir su texto y experiencia con vosotros.
¡Muchas gracias por vuestro tiempo, hasta la próxima!
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Me parece un texto interesantísimo! Solo me quedo con las ganas de conocer las referencias bibliográficas a las que se refiere el autor, para poder ahondar más en el tema.
ResponderEliminarMuy interesante e ilustrativo.Victor
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